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Guillermo Delgado, el mexicano que se aferra a los derechos LGBTQ en África

Guillermo Delgado, el mexicano que se aferra a los derechos LGBTQ en África

Las relaciones sexuales entre hombres están prohibidas en Namibia, pero esta ley no suele aplicarse, de hecho, Guillermo Delgado, nacido y criado en México, nunca se sintió discriminado por ser homosexual en este país africano, hasta el momento en que decidió oficializar su relación con su esposo, Phillip Lühl, en 2017.

Namibia se niega a reconocer el matrimonio y la paternidad de la pareja, por lo que en los últimos meses, su caso ha tomado prominencia, especialmente tras el nacimiento de sus hijas en marzo de este año.

Las pequeñas estuvieron apátridas hasta el 20 de mayo, cuando finalmente México les otorgó la ciudadanía.

Desde su llegada a África, Guillermo cuenta que nunca estuvo “en el closet”.

“Siempre hemos sido abiertos respecto a nuestra sexualidad con todos nuestros familiares, amigos y colegas, desde el primer día. Como gay, francamente siempre me sentí bien en Namibia”, prosigue.

Asegura que la sociedad actúa con base a una política similar a la de “Don’t ask, don’t tell” (No preguntes, no digas), una ley que les prohibía a los miembros homosexuales y bisexuales de la armada estadounidense revelar su orientación sexual y que fue abolida en 2011.

“Somos dos hombres, que igual podrían pasar como amigos, así que la gente que no quería ver lo que somos, simplemente se hacía la vista gorda. Por ese lado siempre fue relativamente fácil para nosotros”, explica.

Sin embargo, en 2017 la pareja comenzó a sufrir de primera mano los problemas que puede ocasionar el ser homosexual en este país. Precisamente cuando quisieron ser reconocidos como una pareja del mismo sexo ante las autoridades de inmigración.

En 2014 decidieron dar el paso y se mudaron a Ciudad del Cabo, la capital legislativa de Sudáfrica.

Poco después se casaron en lo que es el único país africano que reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo e inmediatamente comenzaron el “tortuoso” proceso para tener hijos mediante gestación subrogada.

Un largo proceso

Guillermo estaba estudiando un doctorado en Arquitectura y Planificación en la Universidad de Ciudad del Cabo y tan pronto lo terminó, la pareja sintió que Namibia era el lugar a donde realmente pertenecían y decidieron regresar.

Yona (una de sus hijas) nació en Sudáfrica en 2019 y pudo viajar a Windhoek gracias a un documento de viaje temporal que le otorgaron las autoridades namibias.

Los acontecimientos posteriores hacen que Guillermo sospeche que cuando les dieron aquel papel no se dieron cuenta de que eran una pareja del mismo sexo.

“Cuando llegamos a Windhoek, aplicamos por la ciudadanía namibia de Yona, pero allí notaron que éramos dos hombres y comenzaron a causarnos problemas”, explica.

“No hay un padre de mentira”

Los agentes de inmigración le preguntaron: “¿Quién es el verdadero papá? No es posible que sean dos papás”.

Guillermo recuerda que fueron momentos bastante incómodos.

“Yo diría que, como pareja homosexual, es incluso ofensivo que te pregunten quién es el verdadero padre del hijo”.

“Para nosotros no hay un verdadero padre ni un padre de mentira”, agrega.

Posteriormente les pidieron una prueba de ADN para “confirmar que el ciudadano namibio estaba efectivamente vinculado” con la niña. Desde ese momento, Guillermo y Phillip luchan por la ciudadanía namibia de Yona, pero no han tenido mucho éxito. Se espera que una corte namibia emita su veredicto sobre el caso el próximo 4 de agosto.

“Las gemelas entraron en este limbo”

El mexicano describe su experiencia con la paternidad subrogada como una “odisea”.

“Fue bonito, pero difícil. Estamos inmensamente agradecidos con la madre subrogada, pero no se nos ocurriría jamás volverlo a hacer porque se nos hizo un proceso bastante pesado”, detalla.

Sin embargo, dos semanas después del nacimiento de Yona, la mujer que recién había dado a luz se ofreció a tener otro hijo para la pareja y ninguno de los dos se lo pensó dos veces.

“Siempre quisimos dos niños o niñas, pero no queríamos empezar el proceso con otra madre subrogada porque es muy largo y uno se conecta e invierte mucho sentimentalmente y en varias otras formas”.

En ese mismo instante comenzaron el proceso legal y el papeleo necesario para poder iniciar la gestación.

El 13 de marzo de 2021, dos años después, nacieron Paula and Maya, trayéndole más felicidad a la familia.

Pero, según relata Guillermo, el nacimiento de las gemelas también complicó las cosas desde un punto de vista legal. “Todavía no se sabía si el Estado namibio o el mexicano le iban a dar la ciudadanía a Yona. Las gemelas entraron en este limbo”.

Namibia tampoco quería darles el documento de viaje necesario para que pudieran viajar a Windhoek.

Esta negativa hizo que la familia estuviera separada durante los primeros dos meses de vida de las recién nacidas, quienes estaban con Phillip en Durban, Sudáfrica, mientras que Yona se tuvo que quedar en Namibia con Guillermo, quien no podía viajar.

“Nos tienen que reconocer”

Desde su llegada a Namibia, Guillermo había residido en el país con un permiso de trabajo. Pero en 2017, se dijo a sí mismo que él no era un trabajador ordinario: “Estoy aquí casado con un ciudadano namibio y nos tienen que reconocer como tal”, pensó.

La pareja inició entonces el proceso para que Guillermo obtuviera su residencia bajo el estatus migratorio que le suelen dar a los extranjeros casados con ciudadanos namibios y la solicitud fue aprobada.

Poco después, cuando trató de renovar su permiso de residencia, se lo negaron. Allí comenzó una nueva batalla por su estatus migratorio en un país que se ha convertido en su hogar y en el que lleva más de una década.

“En enero de 2020 me iba de vacaciones a Victoria Falls vía Botsuana. En la frontera un agente de inmigración básicamente desconoce mi permiso de residencia y me expulsa del país”, agrega.

“Me saca. Me dice que no podía volver a entrar a Namibia”.

Expulsado, Guillermo tomó inmediatamente un vuelo de Botsuana a Sudáfrica y con la ayuda de su abogada interpuso una demanda en contra del Ministerio de Interior e Inmigración de Namibia, con la que obtuvo una orden que le permitió regresar a su casa.

Dos meses más tarde, tras el nacimiento de las gemelas en Durban, la abogada le recomendó no viajar, porque “lo más probable” es que no lo dejarían volver a Namibia.

Nacionalidad mexicana

Luego de un proceso que duró dos años, poco después del nacimiento de Yona, las tres hijas de la pareja obtuvieron la nacionalidad mexicana el 20 de mayo. Pero eso tampoco fue fácil.

“La embajada mexicana me dijo inicialmente que estudiarían si podían darle la nacionalidad. Luego dijeron que no se podía, y después dijeron que sí era posible, pero que necesitaban la autorización de la Secretaría de Relaciones Exteriores”, cuenta Guillermo.

“Debo decir que fue con cierta presión y constancia que finalmente la embajada de México aceptó darles la nacionalidad a las tres niñas”.

No obstante, hasta el día de hoy, las autoridades namibias desconocen la paternidad de la pareja.

LGTBQ en Namibia

La comunidad LGTBQ en Namibia es pequeña y está muy fragmentada, pero la lucha de Guillermo y Phillip ha impulsado el nacimiento de una nueva generación de activistas, como los miembros del Namibia Equal Rights Movement, creado a principios de este año.

Guillermo dice que aunque en Namibia no se persigue la homosexualidad, la política de “Don’t ask, don’t tell” los convierte en ciudadanos de segunda clase sin los mismos derechos que el resto.

Pero afirma que gracias a la nueva ola de activistas se ha logrado más en cuanto a derechos de la comunidad LGBTQ en los últimos meses que lo que se hizo desde que Namibia se independizó de Sudáfrica en 1990.

Foto: Getty Images

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