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Algunos republicanos se distancian de Trump, pero sigue teniendo apoyo de las bases

El firme control del presidente Donald Trump sobre los republicanos en Washington está empezando a quebrarse, dejándolo más aislado políticamente que en ningún otro momento de su turbulento mandato, analiza la Associated Press en un reportaje publicado este 9-E.

Tras alentar a una multitud que más tarde protagonizó un violento asalto al Capitolio de Estados Unidos, Trump parece hacer perdido a algunos de sus aliados más poderosos, incluyendo el senador de Carolina del Sur, Lindsey Graham.

Dos miembros de su gobierno renunciaron, igual que al menos media docena de asistentes. Un puñado de republicanos del Congreso están considerando abiertamente adherirse a un renovado intento de abrir un juicio político en su contra.

Lisa Murkowski, senadora republicana de Alaska que ya se había distanciado de Trump, pidió su renuncia y cuestionó su propia continuidad en la formación. “Lo quiero fuera”, declaró a The Anchorage Daily News. “Ha hecho suficiente daño”.

La insurrección que siguió a una contundente derrota electoral en dos balotajes en Georgia logró lo que otros malos momentos de su presidencia no pudieron: obligar a los republicanos a reevaluar su relación con un líder que abandonó hace tiempo la tradición y el decoro.

El resultado podría remodelar el partido, amenazando la influencia que desea Trump al tiempo que crea una división entre quienes están en Washington y activistas en regiones donde el presidente goza de una gran popularidad.

“No lo defenderé por agitar a las masas e incitar a la turba. Está solo”, apuntó Ari Fleischer, exsecretario de prensa de la Casa Blanca durante la presidencia de George W. Bush y estratega del Partido Republicano y votante de Trump.

No desestimen a Trump

Al inicio de la semana, Trump era sin lugar a dudas la fuerza más dominante en el ámbito republicano, la pieza clave para designar al candidato en 2024 o incluso el propio nominado presidencial republicano.

Pero el viernes 8-E había una creciente sensación de que está marcado para siempre y podría verse obligado a dejar el cargo antes del final de su mandato en 12 días.

Aunque insiste en que no ha hecho nada malo y sigue diciéndole a sus asesores, al menos en privado, que le robaron la victoria en las elecciones, Trump tuvo que ser convencido para grabar un video publicado el jueves 7-E en la noche, en el que finalmente condenó a los asaltantes al Capitolio y reconoció por primera vez su derrota en noviembre.

Accedió luego de que el abogado de la Casa Blanca Pat Cipollone le advirtiese que podía enfrentar problemas legales por incitar los disturbios.

Y aunque reconoció que el 20 de enero habrá un nuevo gobierno, el viernes anunció que no asistirá a la juramentación de Biden. Se convertirá así en el primer presidente saliente desde Andrew Johnson, hace 152 años, que no acude a la toma de posesión de su sucesor.

Trump no tiene previsto desaparecer del debate político una vez abandone la Oficina Oval, según sus asesores, que creen que sigue siendo tremendamente popular entre las bases republicanas y activistas conservadores fuera de Washington.

Sus reclamos sobre fraude electoral en su derrota de noviembre calaron entre cientos de miles de votantes republicanos en el balotaje de las elecciones al Senado en Georgia celebrado esta semana. Alrededor de 7 de cada 10 estaban de acuerdo con la falsa afirmación de que Biden no era el presidente electo legítimo, según AP VoteCast, una encuesta a más de 3.700 votantes.

Y ante esa continua lealtad de los votantes, funcionarios electos en zonas de fuerte tradición republicana deben seguir leales al presidente saliente aunque su propio gabinete no lo sea.

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