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El proceso de sanación de Virginia Amaro comienza desde el amor

Jesús Alí Oviedo

“¡En ningún momento de mi vida me había sentido tan plena! Haber pasado el cáncer me ayudó a no vivir en represión!”.

La vida de Virginia Amaro Colmenárez cambió el 7 de Octubre de 2016. Tras una serie de estudios médicos que habían sido practicados por una sospecha de cáncer, el diagnóstico fue formulado: adenocarcinoma mucinoso de cuello uterino, más adelante un examen arrojó que las células cancerígenas invadieron sus ganglios paramétricos e iliacos (ubicados en la ingle).

La negación, que se activó como mecanismo de defensa cuando los especialistas indicaron que sospechaban la existencia del cáncer, comenzó a caer progresivamente. Con 30 años se llenó de fuerza e inició un proceso de sanación.

Cuando estos hechos se suscitaron Virginia, que es psicóloga de profesión, cuentacuentos desde los 12 años de edad, se encontraba en Argentina. Para ese entonces estudiaba su doctorado en Salud Mental Comunitaria en la ciudad de Buenos Aires, gracias a una beca del Estado venezolano.

El diagnóstico

Cuenta que en marzo de ese año notó que su ciclo menstrual cambió, de cinco días de duración, pasó a 10, con un sangrado que no era normal, los cólicos eran más dolorosos, experimentaba cambios de humor repentinamente y sentía que había subido de peso, luego supo que eso significaba retención de líquidos; y así no estuviese en los días del período cuando levantaba objetos pesados tenía una hemorragia, incluso en algunos momentos tenía sangrados sin razón aparente.

La beca de Virginia, abarcaba un seguro médico y ese mismo mes asistió a una consulta, la doctora que la trató le indicó que sus hemorragias podían estar asociadas a cáncer pero un par de estudios indicaron que tenía un mioma por lo que la especialista le indicó que se tomará unas pastillas anticonceptivas. Tras esto, el sangrado no disminuyó y los síntomas fueron más frecuentes. “Comencé a vivir con mi sintomatología, eso me debilitó muchísimo y estaba comenzando un proceso anímico”, añade.

Con este cuadro, Virginia viajó a la Provincia del Chaco (Argentina), durante estos días las hemorragias aumentaron y asistió a una consulta médica. “La doctora que me atendió, dijo: no estoy convencida de que tengas un mioma. También me comentó que para ella toda hemorragia que se genera en el cuello del útero es igual a cáncer. Me hizo un taponaje, me enseñó a hacer uno con gasas y me recomendó que viajará lo más pronto posible a Buenos Aires”, relata.

Hasta ese instante pasaron dos meses de desde aquella primera consulta. La hemoglobina de Virginia ya estaba en 7 gramos por decilitros (g/dl). Estaba muy débil. Ahí comenzó a hacer las gestiones para volver a la capital argentina pero en Chaco no había posibilidad de viajar en avión por lo que fue a Misiones, otra provincia donde continuarían con el festival, por un momento pensó terminarlo. Pero el primer día en el hotel se descompensó. De nuevo al médico y tras recibir atención se devolvió a Buenos Aires.

Las llamadas por parte de Virginia a su familia en Venezuela ya se habían efectuado. Aunque no dijo que existía la posibilidad de tener cáncer, comentó que las cosas no estaban bien y pidió que gestionaran la ida de su mamá. Al llegar de Misiones, narra que fue a un hospital que cubría su seguro, le efectuaron exámenes médicos, le suministraron una pastilla para detener el sangrado. “La doctora Darín, que me atendió en está ocasión, me hizo la biopsia cuando el cuello del útero dejó de sangrar”, acota.

Ella recuerda que el 4 de octubre, fue con la doctora Darín junto a una amiga y les dijeron que el patólogo observó sospecha de cáncer de cérvix —como se le denomina al cáncer en el cuello del útero— dada la presencia de células extrañas.

Llegó ese viernes 7 de octubre y Virginia asistió nuevamente con la doctora antes mencionada y otro especialista. Ella al recordar lo sucedido se conmueve, toma agua, se le humedecen los ojos, se toca el cabello y continúa con su historia.

“Virginia las sospechas son ciertas. Es una célula llamada adenocarcinoma mucinoso — produce mucosa—. Es un cáncer que le da al 5% de las mujeres en el mundo y no es tan fácil de combatirlo”, indica que esas fueron las palabras de los especialistas.

Solo hizo dos preguntas, si se le caería el cabello y qué tan agresivo eran ese cáncer. En la primera respuesta el médico dijo que existía la posibilidad y en la segunda apeló a la ambigüedad.

Las emociones

El domingo, luego de aquel viernes, la madre de Virginia llegó a Argentina. Posteriormente, siguieron otra serie de estudios como resonancias magnéticas y tomografías. Fue a consulta con su oncólogo, el doctor Maya, quien le dijo en la primera ocasión: “Yo necesito que tú aceptes que tienes cáncer”, recuerda, mientras agrega que le agradece su forma de trabajar con ella porque fue muy confrontador.

“Ese primer mes fue superficial a nivel emocional, pero comencé a hacer terapias psicológicas en un grupo terapéutico y fue la vía para sentirme mejor. Ahí estaba junto a Damián, Ariel, Nadia y las psicólogas Silvia y Diana. Ellas dos fueron hermosas y entendieron el proceso de tranca emocional que tenía… Yo soy alegre y vivaz pero al tratarse de miedo y tristeza soy un desastre. Me costó mucho contactar con esas emociones, cuando lo logré comencé a vivir mi proceso del cáncer”, comenta.

La solidaridad tocó el ser de Virginia. El apoyo de conocidos, amigos y familiares le permitieron ser más fuerte.

El tratamiento
Previo al inicio de la radiación, Virginia asistió a una sesión de radioterapia simulada en la cual le tatuaron la zona donde recibiría dicho tratamiento

Virginia resalta que el doctor Maya le planteó efectuarle una transposición ovárica, cirugía que consiste en mover los ovarios de lugar para que no se quemasen durante la radiación. Ella aceptó, dado que el médico le indicó que así tendría mejor calidad de vida. Aunque no continuaría con su sangrado menstrual, pasaría por el ciclo y no sufriría una menopausia de por vida. Tras la intervención se indicaron 31 sesiones de radioterapia y seis sesiones de quimioterapia, que iniciaron luego de cuatro semanas.

Después de dos sesiones de radioterapia y una de quimioterapia, se produjo una complicación. Era 15 de diciembre y tras una hemorragia en casa, que no cesó con el medicamento, se desmayó y fue llevada de emergencia a un hospital. Pasó siete días internada. Por esta situación, se redujeron a 28 las sesiones de radioterapia y a cuatro las de quimioterapia, pero con mayor dosis en cada una de estas.

Su cuerpo se debilitaba, su espíritu se fortalecía. Después vino la braquiterapia —radiación interna— en la zona del cuello uterino, luego de cinco sesiones finalizó el tratamiento.

La resistencia

En marzo de 2017 Virginia volvió a su Barquisimeto amada. Pasaron tres meses y tocó el primer chequeo, luego del proceso anterior, los especialistas en Venezuela hallaron células cancerígenas activas.

Ahora quedaba practicar una histerectomía. Virginia cuenta que leyó sobre los riesgos de esta cirugía y habló con especialistas en Caracas.

La cicatrización sería uno de los problemas pues al haber recibido radiación, tardaría un período largo en sanar y la recuperación sería muy dolorosa. Tras otra serie de exámenes médicos, en marzo de este año ella decidió que no se sometería a esta intervención.

La alternativa

Durante octubre de 2017 Virginia decidió iniciar un tratamiento de medicina alternativa homeopática, que consiste en la ingesta de medicamentos naturales. En una última biopsia efectuada durante el primer trimestre de este año se halló que el cáncer ahora se trata de un carcinoma de células escamosas, también en su cuello uterino.

Durante la primera semana de este mes, el médico homeópata que trata a Virginia le indicó que se encuentra en el proceso de remisión — desaparición completa en el paciente de los signos y síntomas de su enfermedad—.

“No es fácil para las personas cercanas a mí, saber que decidí no operarme porque es una forma de aceptar que quiero morir. Yo opté por vivir con calidad de vida el tiempo que me quede”, afirma.

Los aprendizajes

“Uno de mis aprendizajes a través del cáncer es que uno tiene que hablarlo. Tú no sabes quién puede tomar tu experiencia para su vida”, expresa Virginia con firmeza.

También destaca que la arteterapia le ayudó a combatir la ansiedad y a canalizar sus emociones.
“Yo no descubrí una misión por tener cáncer. Más bien, a partir del cáncer puedo continuar con mis objetivos de vida… Debido a la resistencia del cáncer decidí vivir mi vida con mis reglas: salir, divertirme, compartir, vivir sola”, comenta.

Para Viriginia la enfermedad dejo huellas y marcas psicológicas, espirituales y aprendizajes, por ello, esta es parte de lo que es ahora, y sobre todo le enseñó a vivir desde el amor.

A sus 32 años se siente plena y satisfecha. Justamente, su felicidad la llevó a emprender. Es cofundadora de Artesanar, un proyecto de arteterapia para niños, jóvenes y adultos, en el cual ayudan a otros a canalizar sus procesos emocionales mediante el arte.

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