Opinión

Tertulias de Café | Por: Maximiliano Pérez

“Reflexiones lógicas y razonables para actuar con sensatez”

“Es un mal ejemplo no observar una ley, sobre todo por parte del que la haya hecho.

Los odios de los hombres generalmente nacen del temor o de la envidia.

El hombre sabio hace a la primera lo que el necio hace a la última” …

Niccoló di Bernardo dei Machiavelli (03-05-1469 / 21-06-1527).

Diplomático, filósofo y escritor italiano, Niccolò di Bernardo dei Machiavelli, es conocido como Nicolás Maquiavelo por escribir el tratado de política El príncipe. Fue un diplomático durante 14 años en la República Florentina de Italia durante el exilio de la familia Médici. Cuando la familia Médici regresó al poder en 1512, Maquiavelo fue despedido y brevemente encarcelado.

Tras esto escribió El Príncipe, un manual para los políticos sobre el uso de la despiadada y egoísta astucia, inspirando el término “maquiavélico” y estableciendo a Maquiavelo como el “padre de la teoría política moderna”. También escribió varios poemas y obras de teatro. Murió el 21 de junio de 1527, en Florencia, Italia.

El “maquiavelismo” es un término negativo utilizado para caracterizar políticos sin escrúpulos del tipo que Maquiavelo describió en El Príncipe.

Maquiavelo describió el comportamiento inmoral, como la deshonestidad y la muerte de inocentes, como algo normal y efectivo en la política. Incluso pareció respaldarlo en algunas situaciones. Fuente: Wikipedia.

Su obra ha sido utilizada para hacer el bien y ejecutar el mal. La sapiencia sobre política, como una de las profesiones más dignas que existen, si se ejecuta honradamente y bajo los principio y valores tradicionales e internacionalmente aceptados conllevaría al logro del bienestar social, y de por sí, sugiere que debe ser implementada para garantizar una buena calidad de vida a los ciudadanos.

Existe una gran verdad sobre en el adagio popular que expresa: “Por sus obras le conoceréis”.

Hasta los más famosos delincuentes tienen seguidores y se cuantifican según la sumisión que impongan las manipulaciones, las engañosas dádivas, y la facilidad e impunidad que se otorgue para cometer delitos, corrupción, abuso de autoridad y/o para descargar el peor sentimiento conocido, la envidia, en contra de quien por haber trabajado un poco más, disfruta de una mejor posición social.

De ser cierto lo que está circulando por las redes, referido a la, presunta, invasión del Cementerio General del Sur, en Caracas, sede de los Poderes gubernamentales, donde se asientan los funcionarios que aceptaron la autoridad para dirigir los destinos de la República (a veces ejercida con abuso), y que deberían cumplir con la responsabilidad constitucional y legal que conlleva esa autoridad, quisiera tener el poder de saber expresarme, pues si esto es cierto y es aceptado por las autoridades a quienes compete hacer respetar, ya no lo Derechos Humanos, sino los mortuorios, creo que a los venezolanos nos estarían conculcando hasta el tener paz después de la muerte, sin siquiera recordar el dolor de nuestros seres queridos que han de seguir sobreviviendo a la incertidumbre, a la dificultades para adquirir los alimentos y medicinas necesarios e imprescindibles, a la destrucción de los servicios públicos: ausencia de agua potable, a la falta de electricidad, situación que conlleva al pánico de quedarse encerrados en un ascensor, al deterioro y destrucción de los electrodomésticos y de las maquinarias y equipos indispensables para el trabajo, a la imposibilidad de poder estudiar; a la destrucción de las infraestructuras públicas: Escuelas, liceos Universidades; Al precario sistema de salud jamás visto en el país; al mal estado de las carreteras, calles y avenidas; a la ausencia de combustibles necesarios para el transporte y la producción agroalimentaria, artesanal, y de la pequeña y mediana industria, situación que conlleva a la imposibilidad de adquirir alimentos y a ejercer el derecho al trabajo y de accesar a un salario digno que cubra nuestras necesidades y el de nuestras familias; a la delincuencia incontroladamente impune.

¿Quién (es) ejerce (n) la autoridad para cumplir con la responsabilidad de solucionar este Rosario de calamidades?

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