Opinión

Tertulias de Café | Por: Maximiliano Pérez

                           Amigos… Compadres … Hermanos.

A Orlando Gómez… Héctor Manuel Tamayo y… a Eduardo Oropeza.

In Memorian.

De Alberto Cortez, cito:

“Cuando un amigo se va

Queda un espacio vacío

Que no lo puede llenar

La llegada de otro amigo…”

Más que amigos y compadres… ¡son mis hermanos!

Si, Franklin Camacaro, primo, médico a quien le debo la vida por partida doble, ya que me sacó en dos oportunidades de las bronquitis que me afectaban y me mantuvieron hospitalizado.

Orlando Gómez es ahijado de papá, hijo de don Melecio Gómez, por supuesto, compadre y amigo de papá, de toda la vida; vecino de nuestra casa de la carrera 16, número 39-66, (antigua calle Regeneración, número 186); la casa donde nací. Yo, padrino de su hija.

Héctor Manuel Tamayo, primo, compadre, y más que amigo, mi hermano, padrino de Ramón Antonio, mi hijo. Fue quien me dio mi primer trabajo cuando era Jefe del Departamento de Manufactura de Ford Motors de Venezuela, en Valencia, casado con María Elvira Marvéz, hermana del Dr. Oswaldo Marvéz, quien fue el médico que me entregó a mis hijos cuando llegaron de la mano de Dios mis hijos…

Pocos, muy pocos seres pueden compararse con… “EL TAPARO”.

¡AH CARÁ! Eduardo Oropeza, aquí se me tranca la garganta con un nudo que nubla mis sentidos y hace que me cueste coordinar los pensamientos… Compadre por partida doble él padrino de mi hija, de María Beatriz, y yo, de Eduardo José; amigo, confidente, compañero, compinche… ¡Hermano desde el mismísimo día en que nací!

Vecino de la casa ya descrita, no necesitábamos salir a la calle para compartir nuestros juegos y travesuras de la infancia feliz, puesto que nuestros patios colindan…

Pido perdón a aquellos amigos que han partido a otro plano y que omito en estas palabras.

Para mí la amistad es una pasión y la hermandad una devoción, una entrega incondicional donde el dar y el compartir debe realizarse sin que tu mano izquierda sepa lo hecho por tu mano derecha.

Por formar parte de mi manera de pensar seguiré pregonando hasta el cansancio, que hay amistades que superan los lazos de sangre. Que la amistad es un sentimiento, y en muchas oportunidades es más fuerte que el amor.

Este año ha sido duro, muy duro para mí, se han ido seres excepcionales… ¡íntegros!

Especialmente a Deysi… a, María Elvira Marvéz de Tamayo, mi comadrita; a sus hijos (mis sobrinos): Héctor Antonio, Manuel Oswaldo, María Emilia, Tamayo Marvéz, a sus hermanos: Alba Cecilia, Idelfonso, y Zhelide; A Marilú, mi otra comadrita, a sus hijos (mis otros sobrinos): Eduardo José (mi dilecto ahijado), José Eleazar, Claudia y José Rafael, a sus nietos, sobrinos, hermanos, que son mis hermanos: José Rafael (El Chiquito), Fernando, Virginia, Carmen Alicia, Máyela,  demás familiares y, a esa inmensa cantidad de amigos… me abrazo a ustedes, con un abrazo fuerte, muy fuerte, interminable, en el ensordecedor silencio donde sobran las palabras y se ahoga un grito de dolor incomprensible en medio de lo que debemos aceptar refugiados en la fe.…

En esta despedida, busco refugio en la soledad de la ausencia de las personas que amo tanto…

Un abrazo en silencio dice más que mil palabras.

Doy gracias a Dios Todopoderoso, el haber tenido el privilegio de haber compartido, toda mi vida, con seres tan excepcionales, a sabiendas de que ahora estarán más presente en mi…

Sé que Franklin seguirá charrasqueando “Un Pajarillo” para después ensayar las canciones que tocará en las serenatas a la Divina Pastora; Orlando seguirá tarareando “La Fundadora” donde “mientan” al viejo Melecio; Héctor Manuel seguirá canturreando “LOS EJES DE MI CARRETA”, mientras Eduardo, en una noche de compartir alegrías, se inspirará cantando “Eufemia” y después los ángeles (Igual a Marilú) le soplarán la letra de “Cucurrú Paloma…”

Y, es que, por ahora, el pajarillo seguirá engalanando los cielos venezolanos acurrucado en las manos del galeno; la vaca fundadora seguirá pastando a la espera de ser ordeñada mientras entonan tonadas de cabresteros. “Los ejes de mi carreta ya no los quiero engrasá” … porque no hay prisa para entregar la carta a “Eufemia” y… ¡Dicen que el mismo cielo se estremece al oír mi llanto!

Sé, que soy muy sentimental y llorón, impulsivo y expresivo, a veces de manera imprudente, tal vez producto de mi humana imperfección. Tal vez el dolor que siento es producto de mi apego a lo material aun creyendo que los seres integralmente buenos logran lo más anhelado por los cristianos en la fe… El llegar al lado de nuestro Señor Jesucristo y de Dios, junto a nuestra Madre Eterna la Sagrada Virgen María, por eso, en una plegaria sin fin les ruego que tengan piedad y los acojan en su seno…

                                        Gracias Dios… ¡Por todo!

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