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Clara Reverol es un testimonio de lucha y esperanza

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Jesús Alí Oviedo

“Parte del propósito que tengo en la vida y que sigo descubriendo es ser testimonio de vida y de fortaleza para quienes viven una situación como la mía, están comenzando o han sido recientemente diagnosticadas”, expresa con una sonrisa en su rostro Clara Elena Reverol Pirela, quien se encuentra en su proceso de sanación luego de que le detectaran cáncer de mama.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el cáncer de mama es el más común entre las mujeres en todo el mundo, pues representa el 16% de todos los cánceres femeninos. De hecho, en Venezuela esta patología es la más frecuente, de acuerdo a datos recientes de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela.
La sospecha del cáncer de mamá, y su confirmación, es un proceso que alberga emociones encontradas, cambios en el organismo durante la sanación y en especial, un renacimiento del ser.

“Todos tenemos un propósito en la vida y pasamos por una prueba, yo estoy superando la mía con buena nota”, expresa.

Clara  tiene 43 años de edad, de profesión es periodista y durante los primeros años de su carrera trabajo para canales de televisión como: Telecentro, Promar Televisión y Televen, luego se especializó en la docencia y formó a jóvenes estudiantes de comunicación social en la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica), la Universidad Fermín Toro (UFT) y la Universidad Yacambú (UNY).
Clara lleva 25 años con su pareja, Luis Eduardo Rojas, y son padres de: Andrés Eduardo, de 21 años, Diego David, de 14 años, y Natalia Elena, de 7 años.

El inicio del recorrido
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Clara Reverol ha renacido a partir del amor y la solidaridad

Clara cuenta que desde los 34 años se practicaba anualmente chequeos en sus mamas, tanto el autoexamen como la mamografía, debido a antecedentes familiares, una de sus tías había fallecido por cáncer de mama y su madre había padecido de quistes mamarios.

En febrero de 2017 Clara asistió a realizarse sus exámenes de rutina. El informe médico de la mamografía indicó que todo estaba bien. Ese año, fue difícil para ella a nivel laboral porque la Unica cerró sus puertas en Barquisimeto y sólo se quedó con el empleo de la UFT.

Ella cuenta que después de ese proceso una amiga al conocer la situación le ofreció el puesto de gerente en un centro comercial de Cabudare, municipio Palavecino del estado Lara, ella aceptó, estuvo sometida a altos niveles de estrés y comenzó a experimentar una serie de síntomas: cuando le venía su período menstrual sentía que la mama izquierda se inflamaba más que la derecha y se elevaba la temperatura de la misma.

Llegó noviembre y diciembre, la sintomatología persistió y sobre todo le dolía mucho el brazo izquierdo. En enero de este año fue atendida en una consulta y le dieron una referencia para ir a un mastólogo (especialista médico que se dedica al estudio de las glándulas mamarias). Antes de ir con este debía efectuarse un eco mamario, así lo hizo y durante este la ecografista le hizo una punción en su mama izquierda, a ella le correspondió llevar la muestra a un laboratorio especializado. El resultado estuvo listo un viernes pero ella fue el lunes siguiente a buscarlo, “… no quería ir, tenía una intuición, ese temor y esa idea en la cabeza de que podía tener cáncer”, recuerda.

El choque emocional
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A paso firme continúa su proceso de sanación

“Cuando vi la palabra adenocarcinoma en un papel fue devastador para mí. Me senté en un centro comercial, comencé a llamar a mi esposo y no me atendió, a una amiga y tampoco contestó, a mi mamá y pasó lo mismo. Me tocaba vivir ese momento en soledad, tragué grueso. Luego apareció una muchacha, me preguntó si podía ayudarme y le pedí que me prestase para hacer una llamada porque se había descargado mi teléfono… llamé a mi médico, le comenté lo que indicaba el resultado y me fui de una vez a verlo. Agarré fuerza y tome un bus pese a que el mundo se me había venido encima. No lloré porque no me salían lágrimas pero internamente estaba devastada”, cuenta conmovida lo que sintió durante ese momento.

El médico le confirmó la presencia del cáncer de mama y le explicó una parte del proceso que se avecinaba —el paso siguiente consistía en acudir a la consulta con un mastólogo—. Ese día logró comunicarse con su esposo, acordaron llevar a los hijos a casa de su suegra y tuvieron un momento como pareja, en el cual ella drenó. Tenía más preguntas que respuestas y le esperaba un largo camino.

Luchar contra el cáncer

Clara narra que no sabía adónde acudir pero gracias a una amiga fue a la Clínica de Mamas, allí la atendió el doctor Daniel Zerpa, confirmó el diagnóstico y contrastó los últimos estudios con aquellos que se efectuaron en marzo de 2017, comentó que había una anormalidad desde ese entonces.

El 31 de enero de este año fue dado el diagnóstico final. Se trataba de un adenocarcinoma ductual con metástasis a ganglios de mama izquierda.

“No fue fácil, más en este país que todo se ha vuelto tan cuesta arriba y se trata de enfermedades tan difíciles”, afirma.

El médico le destacó en primera instancia que esta enfermedad es costosa pero que con el tratamiento idóneo continuaría adelante. La primera fase consistió en seis sesiones de quimioterapia que culminaron durante la primera semana de abril. Luego, una mastectomía radical (de su mama izquierda) con extracción de 11 ganglios, hace más de cuatros semana que fue sometida a esta.

Ahora, Clara se encuentra en la fase de radioterapias, le indicaron 31 sesiones en la zona afectada, aún no ha llegado a la mitad de estas. Ahí no acaba este proceso, los médicos detectaron que ella es portadora del gen HER2 positivo, que la obliga a administrarse el anticuerpo Trastuzumab durante un año cada 21 días —este inhibe la proliferación de células cancerígenas—.

Solidaridad, amor y unión

El proceso de sanación de Clara ha estado marcado por estos tres valores: solidaridad, amor y unión. “El afecto y el apoyo que he recibido son maravillosos. Cada persona que ha estado ahí, es un ángel enviado por Dios para salir adelante. Alguien con mi diagnóstico difícilmente llega hasta donde he ido: he podido pagar la cirugía, las consultas, la quimioterapia, la radiación y los medicamentos y ha sido justo por la solidaridad de amigos, conocidos y hasta personas que no conozco”, resalta.

Clara Reverol destaca que: “No puedo decir que he superado la enfermedad, sigo luchando para salir victoriosa”, concluye.

La familia: un gran apoyo

Uno de los procesos más difíciles para Clara fue la pérdida de su cabello, por lo que decidió raparse. Comenzó a usar pañoletas, este mes determinó quitárselas y mostrar su nuevo cabello.
Durante esos días, su hija Natalia le ayudó a subir su autoestima. “Me decía mi pelona bella y en momentos difíciles de la enfermedad, en los cuales me he sentido débil, ha sido mi enfermera de cama”, cuenta. Diego, su segundo hijo, también le ayudado a través su humor a reír y divertirse. Mientras que Andrés, desde su intelectualidad le brinda sus aportes y análisis. Su madre, la señora Ninfa Pirela, también ha estado durante estos meses con su amor, consejos y ayuda, al igual, que su pareja, Luis.

Tocarse, autoexaminarse

Dada su experiencia señala que es importante el autoexamen frecuente, además, acudir a especialistas del área para el chequeo de las mamas, como modo de prevenir la enfermedad.

Clara porta su lazo rosado, como un ícono de su lucha, en la cual se mantiene firme, llena de alegría y de vida.

Es una mujer que renació. Su fe está intacta y su objetivo se centra en culminar el proceso de sanación que inició junto a sus seres queridos.

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